Las ganas de desconectarse

En estos dias nos bombardean de información inútil, nos convertimos en seguidores de ideas momentáneamente y es fácil dejar que otros controlen nuestra vida. Antes quizá ocurría lo mismo pero hoy las maneras son más sutiles y por ende más penetrantes. Es eso lo que muchas veces nos orilla a pensar que somos poco, que nuestro trabajo no es suficientemente bueno o a dudar de nuestras relaciones con los demás. Tenemos muchos puntos de comparación y eso no es necesariamente bueno. ¿Mi consejo? Dos días sin celular. No le hacen mal a nadie.

Las ganas de estar contigo

Hoy tuve una conversación dónde discutíamos sobre los proyectos de vida. Llámenme idealista pero soy de la idea de que cuando dos personas se aman lo suficiente pueden construir un proyecto de vida juntos. Alguien me decía que es mejor que cada uno tenga su propio proyecto y luego ya se podía pensar en pasar la vida junto a esa persona si todo salía bien (y si en el proceso no se dejaban de querer). Cómo romántica que soy, creo que es importante saber qué es lo que se quiere de la vida, pero para mí, si has encontrado al amor de tu vida definitivamente recomiendo planear un proyecto juntos y luchar por ello. Para estos dias en los que importa más el dinero, el status o lo que se publica en Instagram, yo elijo por sobre todo el amor y las personas a quienes amo ¿Y tú?

Las ganas de amar (parte 2)

Os contaré una historia:

Durante mis años escolares (de los 6 a los 15) estuve “perdidamente enamorada” del típico chico guapo del cole. Alguna vez incluso me metí en problemas por el. Cuál fue mi sorpresa al crecer, que me dí cuenta que ese primer amor nos define muchísimo. Ese chico consciente o inconscientemente aumentó mis inseguridades al grado de odiar cosas de mi misma como mis lunares. Ese sería un modelo recurrente en mis relaciones posteriores (llegando a odiar hasta mi propia voz) ¿Que nos ocurre? ¿Por qué dejamos que otros nos influyan de esa manera? Algunos psicólogos le llamarían problemas de autoestima, pero no estoy tan segura. Hoy, 15 años después he descubierto que tiene que ver con expectativas personales y falta de paciencia. La explico: mis expectativas personales siempre han sido casarme y formar una familia pero ahí viene lo bueno, a veces la expectativa de encontrar al verdadero amor nos hace idealizar tanto a las personas que no tenemos la paciencia suficiente para esperar que la vida nos muestre quién será. Entonces nos conformamos con el chico guapo que odia los lunares. Hoy tras cuatro años en la relación más estable y feliz que he tenido os digo que tengan paciencia y expectativas adecuadas (ni mayores ni menores), el “amor verdadero” llegará. ¿Y mientras? Cultiva los demás amores que también son verdaderos: a vos mismo (autoestima por si las dudas), a tu familia, amigos y principalmente a Dios.

Las ganas de amar

Si la primera vez las cosas no salieron como esperábamos una segunda oportunidad nos ayuda a mejorar y a apreciar los detalles que pasábamos por alto.

Recuerdo como fue… al principio hermoso y duró poco, luego me dejé influir, dudé y tú pusiste una barrera que no podía destruir. Hicimos todo para que funcionara pero la distancia acabó complicando todo. Finalmente terminó.

Esos meses lejos nos ayudaron a crecer, a entender, a valorar. Después llegó una segunda oportunidad.

Si me lo preguntas, tenía mis dudas, pero hoy, viendo el atardecer contigo, me preguntaste qué pensaba. Y no pude explicarlo pero ahora sí:

Pensaba que hay mucho que no se de tí ni tú de mí, huecos que intentamos llenar. Pensaba en lo que hemos vivido el uno sin el otro, esas cosas que nos han hecho quiénes somos. Pensaba en la prueba que nos espera con la distancia que se aproxima. Pensaba en que esta vez será diferente, porque la distancia es permanente. Me duele saber que estaremos lejos, me asusta pensar que eso apague nuestro amor. Pero luego llega la noche, estoy aquí pensando en tí y en las cosas que vivimos. Pienso en lo mucho que te amo, en el sueño de anoche. Pienso en el día de nuestra boda. En la tarde caminando con nuestros hijos. En las cosas que espero vivir juntos, en los sueños que no son faciles de admitir para no mostrarme vulnerable pero que vienen a mi mente de manera recurrente. ¿Por qué no imagino esto con nadie más? Es por la segunda oportunidad, porque aunque no sea capaz de admitirlo de frente, este es el momento en que mi corazón es tuyo, no con el sentimentalismo de siempre, con la racionalidad de no saber que esperar del día venidero pero tener la seguridad de que será para bien.

¿Se pierden en el camino?

La respuesta es sí, y las razones son varias.

Hay quienes no supieron continuar y se dieron por vencidos. La opción es pararse y regresar con amargura.

Hay otros que pensaron que el camino los llevaría, dieron un paso y quedaron ahí, pensando que no había camino, sin saber que había que caminarlo.

Hubo quienes dejaron el camino, tomaron otro, y otro y otro, son esos quiénes no sabían a dónde ir. De esos algunos llegaron, otros cambiaron de camino hasta que el tiempo los alcanzó.

También los hay que no conocieron todo el camino, porque no les alcanzó la vida. Pero seguramente hay más camino allá.

Están mis favoritos también, concluyeron el camino y sus huellas son los pasos de los que caminaron detrás.

De todos hay que cuidarse porque seguir sus pasos nos lleva por su ruta, y cada quien tiene la suya.

¿Qué es lo bueno del camino?

El camino te va a sacar de dónde estabas para posicionarte en un sitio diferente y eso siempre es algo bueno.

Mirar la vida con otros ojos, tener por momentos la seguridad de que sabes lo que haces, que tienes todo bajo control y en algún punto darte cuenta que no tenías razón.

Y entonces, poder decir: viví todo eso para llegar aquí y darme cuenta que de algún modo sobreviví y es lo mejor que me pudo haber pasado.